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Pasaporte al infierno

asuntos.mujeres@gmail.com 26-05-2008 GTM 1 @ 02:36 Tags:

pasaporte.jpgPublicado en el periódico El Diario el 12  al 18 de enero de 1995Por Johanna Roldán 

María, a quien llamaremos así por su seguridad y la de sus hijos, huyó de su hogar cuando su esposo trató de ahorcarla.

 

Hace cinco años que María llegó a Puerto Rico acompañada del hombre con el que se había casado en Santo Domingo que es su país natal. Aun antes de casarse sospechó que su futuro esposo tenía un “carácter fuerte”, pero la ilusión del matrimonio unida al enorme deseo de venir a Puerto Rico la llevaron a casarse con ese hombre de 65 años de edad. No tardó mucho en comenzar a vivir en un infierno. 

María, de unos 31 años de edad, vivía junto a su esposo en una aparente tranquilidad parsimoniosa, algo así como “estar en la casa todo el día encerrada, sin  poder salir, cocinando y haciendo las cosas de la casa”. No sólo era privada de su libertad sino que también carecía de aquellas cosas que tanto para ella como para su hijo e hija eran tan importantes. “Mi hija no tiene una muñeca porque él día que eso no era importante y que ella no necesitaba eso”, recuerda con tristeza. Su esposo controlaba todos los ingresos que se recibían en el hogar y no le permitía comprar nada que el consideraba innecesario. Si ella quería comprar leche para los hijos de la pareja y el decía que no, ella no podía comprarla. “Si no hubiera el dinero una sabía, pero aun habiendo el dinero el no me permitía comprara las cosas que necesitábamos”, explica María. En tres ocasiones me dejó en el supermercado con el carrito de la compra porque yo había cogido cosas que según él no eran necesarias”, dice María mientras explica la terrible vergüenza que pasó. 

Aun antes de casarse sospechó que su futuro esposo tenía un “carácter fuerte”, pero la ilusión del matrimonio unida al enorme deseo de venir a Puerto Rico la llevaron a casarse con ese hombre de 65 años de edad. No tardó mucho en comenzar a vivir en un infierno.

Aunque previo al incidente en el que el esposo de María trató de ahorcarla, físicamente no le había dejado cicratices, en una ocasión, le había pegado a la niña dejándole una marca en su pierna. “Por nada digo yo, porque si una llama a un niño y no te escucha lo que tienes es que seguirlo llamando”, cuenta con su mismo tono pausado. Aun después de que su esposo atentó contra su vida, sin dejarle otra alternativa que escapar, María dice que se siente culpable porque tuvo que llevarse a su hijo e hija del lado de su padre. “Me siento mal porque le quité a sus hijos. Los niños sufren, yo no quería separarlos de él. Me duele el saber que yo tengo los niños. Esto él lo hizo sin saber lo que hacía”, expresó con angustia. 

Cuando huyó del hogar sólo tenía tres dólares e inmediatamente fue al Departamento de Servicios Sociales. (Esto sucedió en 1995) Explicó a la empleada su situación con respecto a que no habían comido y esta le dijo que no podía hacer nada y que estaban haciendo una colecta para que pudiera pasar la noche en un hotel. Al día siguiente de que la empleada del Departamento de Servicios Sociales la llevó al hotel a que pasara la noche ya que se encontraba sin vivienda e imposibilitada de regresar junto a su esposo, los empleados de esta misma institución, luego de pagar el alojamiento en el hotel la llevaron a la Casa Protegida Julia de Burgos.  “Yo estaba muy triste. No sabía toda la ayuda que me iban a dar allí. Yo no sabía a dónde iba a ir a parar”, recuerda.  En la Casa Protegida Julia de Burgos le brindaron la ayuda necesaria. La ayudaron a gestiona su pensión alimentaria, las ayudas del gobierno y hasta la búsqueda de vivienda.  

El mismo día en que se llevó a cabo esta entrevista, María salía de Casa Protegida Julia de Burgos hacia su nuevo hogar. Una casa que a través de las donaciones que recibe dicha institución pudo amueblar. “Quiero tener mi casa bonita, comprar un cuadro y ponerlo, antes yo no podía elegir esas cosas”, dice con ilusión.  Una de las labores que realizan en Casa Protegida Julia de Burgos es que ayudan a las mujeres a gestionar servicios legales, pensiones alimentarias, ayudas económicas y todo aquello que necesite para sobrevivir en una etapa en la que no existe la violencia.  Así fue que ayudaron a María a comenzar su nueva vida. Ahora María goza de la libertad de poder salir de la casa y de poder comprar lo que necesita con el tiempo necesario para escogerlo. “Ayer fui con los niños a comprar unas cosas y pude tardarme todo lo necesario”, dice mientras sonríe.

Cuando la sicóloga Evelyn Rivera coordinadora de servicios de Casa Protegida le preguntó cómo se sentía dijo׃ “Feliz”, reflejando una amplia sonrisa. “Lo importante es no volver a caer en la violencia”, recalcó la sicóloga. “Esto es verdad, hay que ver quién una se fija”, contestó María mientras sostenía a su hijo en brazos.  “Quiero estudiar y progresar. Tengo que comenzar desde el principio”, dice entusiasmada. Aunque María apenas conoce las vocales, los que ven su rostro sonriente y emancipado saben que va a lograrlo.   

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