Mujer con espíritu de lucha
asuntos.mujeres@gmail.com 21-02-2008 GTM 1 @ 18:19Cuando Kelvin Roldán Dávila vivió sus primeros años en una pequeña casa de madera, junto a sus padres y hermanos en el barrio Rincón de Gurabo, nadie imaginó las oportunidades y retos que la vida tenía para él. Sus padres sabían que definitivamente él era especial pero nunca imaginaron el giro que daría su vida y el futuro brillante que le esperaba.
“En sus primeros años de vida hacía unos movimientos con las manos y hablaba dentro de su propio mundo, lo que me preocupó. Cuando lo llevamos al médico nos dijo que al ponerlo en la escuela su mente estaría más ocupada y eso cambiaría”, señala la madre de Kelvin, Sotera Dávila, que crió a sus ocho hijos con la valentía que la caracteriza ya que el padre de los éstos murió cuando Kelvin era a penas un adolescente y la más pequeña de las niñas tenía unos seis años de edad.
Matricularon a Kelvin en el Kindergarten “del pueblo”, en la escuela Luis Muñoz Marín de Gurabo, ya que no había Kindergarten en la hoy desaparecida escuela pública del barrio Rincón, a la que fue al año siguiente para cursar el primer grado. Maestras que dedicaron su vida a la enseñanza en el municipio de Gurabo, como Nilda Nazario y la Sra. Sánchez ayudaron a Kelvin a dar esos primeros pasos y a descubrir ese mundo de la lectura y la escritura que le ayudaría a expresarse en la lengua materna que habla, lee y escribe a perfección.
En busca de un futuro mejor
A pesar de su enfermedad Sotera Dávila acompañó a su hijo Kelvin durante la campaña eleccionaria.
Aunque la madre de Kelvin, Sotera, siempre había vivido en Gurabo, en donde tiene su familia y conoce la calidez del clima y la supervivencia del campo, se atrevió a tomar un riesgo muy grande en su vida. Cuando ya Kelvin estaba cursando el sexto grado en la escuela de Campamento, en el mismo municipio, tomó la decisión de mudarse al estado de Connecticut. Empacó sus cosas y con sus ocho hijos se fue en busca de un cambio, un futuro mejor… Ella no imaginaba las oportunidades que tendrían sus hijos y que se establecería allí para seguir luchando, esta vez no en el campo, ni en el pueblo de Gurabo, sino en un lugar donde el clima puede ser desesperante para el que está acostumbrado al calor del trópico, a enfrentar la batalla con un lenguaje que apenas conocía y en un ambiente hasta ese momento desconocido.
Pero el ánimo y la lucha de las mujeres puertorriqueñas, la fuerza del espíritu de esta gurabeña, unida a una fe y un positivismo inquebrantable no le permitieron regresar a Puerto Rico con las manos vacías. Tampoco crearle la inestabilidad del que va y viene a Estados Unidos con niños que cambian de una escuela a otra y de un idioma a otro creando lagunas en su educación. Crecieron sus hijos respetándola y aún en el día de hoy, cuando los años y el cáncer, enfermedad con la que ha batallado por más de una década han debilitado su fuerza y habilidad física, a sus cinco hijos y sus tres hijas, ya adultos, les basta una mirada de ella para saber cuando algo no le gusta o ella piensa que es incorrecto.
Cuando Kelvin Roldán llegó a la ciudad de Hartford sólo conocía el español, pero rápidamente se adaptó a través de un programa bilingüe al nuevo idioma y la transición que usualmente toma tres años, él logró completarla en uno, para pasar a tomar clases en inglés solamente. Más adelante, surgió la sorpresa de una beca que lo llevó a estudiar en una escuela privada en la que nunca alguien con los recursos económicos de esta familia soñaría estudiar. Otorgaron becas también otros estudiantes igualmente destacados académicamente que no pudieron continuar hasta el final. Pero la madre de Kelvin no iba a permitir el fracaso cuando la vida le había dado esta oportunidad a su hijo. Así que al principio, sin importar el clima o lo que pasara, guiaba hasta Avon Old Farms School diariamente.
“Mami fue mi apoyo siempre, eran unas labores y un sacrificio bien grande, unos 30 minutos guiando de ida y vuelta, vivíamos en un proyecto [residencial público], económicamente era bien difícil, la beca incluía unos costos pero teníamos que comprar los uniformes [gabán y corbata], los libros… mi madre hizo muchos sacrificios, para cubrir los costos… vendiendo pasteles, cocinando, y trabajó en una fábrica”, recuerda Roldán Dávila.
Al ver la perseverancia de Kelvin añadieron más recursos a su beca por lo que también le proveyeron hospedaje. La administración de la escuela quería que él fuera a la universidad. Nunca sabremos si por una habilidad natural o por la experiencia de haber tenido que moverse entre el español y el inglés que este joven desarrolló una pasión por los lenguajes. Por otro lado, la intención de ayudar a los suyos le llevó a interesarse también en las ciencias políticas. Es por eso que cuando finalmente obtuvo una beca para estudiar en Middlebury College, escogió especializarse en dos áreas muy particulares, el lenguaje chino y las ciencias políticas.
Campaña a lo boricua
Luego de ocupar diferentes puestos de asesoría y como ayudante ejecutivo del alcalde Eddie Pérez, en la ciudad de Hartford, decidió brillar con luz propia lanzándose como candidato a representante estatal de esta ciudad. Con una campaña a lo tradicional boricua, matizada por música latina, altoparlantes y con la misma familiaridad que tendrían si hubieran estado caminando por las calles de Gurabo, con el apoyo de su familia este joven gurabeño ganó la elección. Con esto se convirtió en la persona más joven, de descendencia hispana (28 años de edad) en la historia del estado de Connecticut en ocupar este escaño.
Inmediatamente está poniendo en marcha todos sus planes para trabajar por los que lo eligieron, quienes en su mayoría son puertorriqueños. “Uno de los proyectos de ley que estamos impulsando es el reconocer una posición en el Departamento de Veteranos Estatal para ayudar directamente a los veteranos hispanos e introducir una legislación que le ofrezca mejores oportunidades a las minorías y a las mujeres que tienen pequeños negocios”, finaliza.

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