No hay espacio para ti
Agosto
2008

Esta mañana desayuné en un restaurante de esa franquicia que tuvo que calentar los sándwiches porque a los puertorriqueños no le gustan los sándwiches fríos y tuvo que echarle más harina al café porque tampoco tomamos café aguado. En el estacionamiento estaba esa muchacha de la que tanto he escrito. La joven en la luz, en la calle, en el garaje…desapareciéndose...
La gerente de la sandwichera que queda justo en el punto que separa la zona turística de los más pobres, luego de servirme, agarró el teléfono para hacer una llamada. Imaginé que llamaba a la administración del pequeño centro, pero no, era a la policía. Inmediatamente le dije con mis ojos y mi cara de funeral, que casi estaba llorando de la emoción de volver a verla y de poder darle un dólar (que no me había pedido). “¿No será para sacar a la muchacha del estacionamiento?”
-Sí, es que no puedo permitir que haya nadie ahí pidiéndole dinero a los clientes.
-Pero si esa muchacha no es violenta. Ella no le hace nada a nadie. Y la miré con toda la calma y tristeza que sentía.
-Con nosotras, sí [refiriéndose a las empleadas de la sandwichera]. Además, se mete al baño, hace sus necesidades y las emplasta por todo el baño… seguía excusándose delante de los que iban a disfrutar de un suculento desayuno.
Llegó una mujer y un hombre policía. Ella con cara de pocos amigos preguntó: “¿Quién es? ¿Esa?” Mi cara siempre dice todo lo que pienso. Estaba pensando que “ésa” es un ser humano. Seguido escuché a la gerente diciendo que ella no sabía si la muchacha tenía un cuchillo o algo así…etc. Y todo el ‘show’, que los que viven en la zona turística saben que no es cierto.
No me podía meter con la policía pero le di gracias a Dios por nuestra cultura que abiertamente acepta al entrometido. Así que los chalecos antibalas de la mujer policía y del avergonzado hombre policía no podían escaparse de mi mirada. Trataron de seguir la conversación con ella más adelante, frente a la tienda de la franquicia de las donas con sus rotos y con los 31 sabores de mantecado. Pero mi mirada fija, mi cara de funeral los persiguió. Dios bendiga nuestra cultura que me permite mirar y averiguar con el mayor descaro.
Vi cuando la supuesta violenta muchacha comenzó a llorar, asustada…etc. Vi a los policías, especialmente al varón que no encontraban que hacer. Hasta que la muchacha se fue. La policía casi me tiene que pasar por el lado y la mujer policía disimuladamente evitó mi mirada. Luego me fui a la tienda, a la de las donas con los rotos y los 31 sabores, y le pregunté a la joven que trabaja allí si había visto antes a la muchacha y si ella era violenta. Ella me dijo que no, “que era la primera vez y que caramba, se pasan porque si ella lo que tiene es hambre…Es para comer…”
Lo curioso de este asunto es que la joven estaba allí y lo único que me dijo era que tenía hambre, mientras se comía algo. Tanto el caballero que le dio dinero antes que yo, como yo, le dimos dinero voluntariamente y ella no lo pidió. Creo que ella no está muy bien de la mente. Pero todos tenemos familia y nunca se sabe cuán alto o cuán bajo podemos subir o caer. Para mí el desprecio a esa muchacha y el ‘show’ que armó la gerente con la policía no es precisamente lo más alto que se puede llegar. Ustedes opinen.
P.D. Ahora la franquicia de sándwiches que envíe un relacionista público a hacer alguna obra de caridad para que por lo menos compensen su comemie#*+@.

Meneame
del.icio.us

y de las protestas de los que no le gustan las fotos.
Es difícil entender el tabú que existe a la hora de hablar de sexo con las hijas. El conocimiento de lo que pasa por sus cuerpos no lo van a adquirir por osmosis. Tampoco puede retrasarse su desarrollo físico-emocional. Los padres y las madres tienen que hablarle del asunto y si no se sienten seguros para hacerlo, ya sea por desconocimiento o por temor a que las hijas (o hijos) entiendan que al hablarlo les están dando permiso para hacerlo, deben buscar un profesional de ayuda que los orienten al respecto. Un cinturón de castidad o intimidarlas no es la solución. Y hoy día, lo ideal es que los jóvenes de uno u otro sexo estén bien orientados.
Publicado en el periódico El Diario el 12