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Categoría: Calle

No hay espacio para ti

asuntos.mujeres@gmail.com 29/08/2008 @ 17:40

No me podía meter con la policía pero le di gracias a Dios por nuestra cultura que abiertamente acepta al entrometido.
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Esta mañana desayuné en un restaurante de esa franquicia que tuvo que calentar los sándwiches porque a los  puertorriqueños no le gustan los sándwiches fríos y tuvo que echarle más harina al café porque tampoco tomamos café aguado.  En el estacionamiento estaba esa muchacha de la que tanto he escrito. La joven en la luz, en la calle, en el garaje…desapareciéndose... 

 

La gerente de la sandwichera que queda justo en el punto que separa la zona turística de los más pobres, luego de servirme,  agarró el teléfono para hacer una llamada. Imaginé que llamaba a la administración del pequeño centro, pero no, era a la policía.  Inmediatamente le dije con mis ojos y mi cara de funeral, que casi estaba llorando de la emoción de volver a verla y de poder darle un dólar (que no me había pedido). “¿No será para sacar a la muchacha del estacionamiento?” 

 

-Sí, es que no puedo permitir que haya nadie ahí pidiéndole dinero a los clientes.

-Pero si esa muchacha no es violenta. Ella no le hace nada a nadie. Y la miré con toda la calma y tristeza que sentía.

-Con nosotras, sí [refiriéndose a las empleadas de la sandwichera]. Además, se mete al  baño, hace sus necesidades y las emplasta por todo el baño… seguía excusándose delante de los que iban a disfrutar de un suculento desayuno.

 

Llegó una mujer y un hombre policía. Ella con cara de pocos amigos preguntó: “¿Quién es? ¿Esa?”  Mi cara siempre dice todo lo que pienso. Estaba pensando que “ésa” es un ser humano. Seguido escuché a la gerente diciendo que ella no sabía si la muchacha tenía un cuchillo o algo así…etc. Y todo el ‘show’, que los que viven en la zona turística saben que no es cierto.

 

No me podía meter con la policía pero le di gracias a Dios por nuestra cultura que abiertamente acepta al entrometido. Así que los chalecos antibalas de la mujer policía y del avergonzado hombre policía no podían escaparse de mi mirada. Trataron de seguir la conversación con ella más adelante, frente a la tienda de la franquicia de las donas con  sus rotos y con los 31 sabores de mantecado. Pero mi mirada fija, mi cara de funeral los persiguió. Dios bendiga nuestra cultura que me permite mirar y averiguar con el mayor descaro.

 

Vi cuando la supuesta violenta muchacha comenzó a llorar, asustada…etc. Vi a los policías, especialmente al varón que no encontraban que hacer. Hasta que la muchacha se fue. La policía casi me tiene que pasar por el lado y la mujer policía disimuladamente evitó mi mirada. Luego me fui a la tienda, a la de las donas con los rotos y los 31 sabores, y le pregunté a la joven que trabaja allí si había visto antes a la muchacha y si ella era violenta. Ella me dijo que no, “que era la primera vez y que caramba, se pasan porque si ella lo que tiene es hambre…Es para comer…”

 

Lo curioso de este asunto es que la joven estaba allí y lo único que me dijo era que tenía hambre, mientras se comía algo. Tanto el caballero que le dio dinero antes que yo, como yo, le dimos dinero voluntariamente y ella no lo pidió. Creo que ella no está muy bien de la mente. Pero todos tenemos familia y nunca se sabe cuán alto o cuán bajo podemos subir o caer. Para mí el desprecio a esa muchacha y el ‘show’ que armó la gerente con la policía no es precisamente lo más alto que se puede llegar. Ustedes opinen.

 

P.D. Ahora la franquicia de sándwiches que envíe un relacionista público a hacer alguna obra de caridad para que por lo menos compensen su comemie#*+@.

Agonía de la mujer en la calle

asuntos.mujeres@gmail.com 30/05/2008 @ 16:55

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Hoy vi a una sonriente joven muy delgada y con un golpe en la cara. Ella me reconoció a mí y yo tardé en reconocerla a ella. Casi siempre la veía camino a mi apartamento, en una de las luces de la Baldorioty. Muy joven, piel fresca, descalza... Siempre le hablaba, le echaba bendiciones y algún dinero que pienso nunca fue suficiente. Un día me pidió para comer y yo le creí, se veía con hambre. Me dijo que estaba en menstruación y la sangre le bajaba por las piernas y no encontraba como resolver. Cambio de luz... sigo a mi apartamento.

Me dolía mucho ver esa muchacha porque siempre pensaba que su otra alternativa era la prostitución. Que en la calle, más bien serían violaciones. Poco a poco la vi perdiendo peso. Hoy no la reconocí. Pero ella a mí sí. Sólo por su sonrisa insistente, en un garage de gasolina cercano, pude fijarme y ver sus ojos inocentes. Cuando la conocí pensé que padecía de algún impedimento porque con tanta inocencia no se puede vivir en la calle. No me pidió dinero, simplemente que le devolviera la sonrisa...


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