La prostitución presentada como el oficio más antiguo del mundo es algo que debe llevarse a evaluación. Es como si dijeran que ser prostituta es como ser enfermera, maestra, sicóloga o periodista. Escuchar a un hombre decir que esta es una opción y que estas pobres mujeres disfrutan del “oficio”, aunque no es aceptable es entendible si no comprenden nuestra naturaleza de mujer. Pero es aberrante que una mujer misma piense que de no haber prostitución los hombres andarían por ahí violando mujeres.
Volviendo a la prostitución, estas mujeres tienen su vida en constante riesgo y los traumas de esto igualan a los traumas que quedan en los soldados que vienen de las guerras. ¿Qué cómo me atrevo a comparar a prostitutas con los nobles soldados? Bueno, pues sencillo. Hay en el mundo un grupo de mujeres que ejercen la prostitución como esclavas. Niñas que han sido vendidas, mujeres que no les ha quedado otra forma para mantener a sus hijos (dentro de lo que es su vida, pobreza o cultura) y gente que simplemente por problemas o las mismas violaciones que sufrieron de niñas... Que más que nuestro juicio merecen nuestra compasión.
Mueren, son violadas, son maltratadas, son asesinadas y por putas a nadie le importa. La droga y el alcohol a veces las ayuda a soportar los “gajes del oficio” pero no hay duda que el final es triste, la vida de ellas depresiva y de mujeres de la vida alegre no tienen nada. Más bien mujeres de la vida triste. No he leído ni un solo libro, ni una sola entrevista en la que una de estas mujeres diga que disfruta de estos actos. Así que aquellos hombres que se creen que son los titanes de la llanura, no hacen otra cosa que maltratar a estas mujeres en las que si miran a sus ojos profundamente podría estar su hermana, su hija, su madre o hasta su esposa.